El pasado viernes 11 tuvimos el lujo y el placer de disfrutar de la charla de Gunther Castanedo Pfeiffer sobre las mujeres en la vida de Pablo Neruda. Fue en Suances, en la sala de exposiciones de El Torco, junto al faro.
Gunther es miembro de la Federación Neruda Internacional. Ha publicado libros como "Personario A" (un diccionario de las personas que tuvieron relación con Pablo Neruda cuyo nombre empieza por A) y está ahora con la letra B, "Neruda y los barcos" y "Triángulo literario", sobre Neruda, Miguel Hernández y Cossío. Además, colabora con artículos en numerosas revistas y publicaciones, como "Nerudiana".
Ni que decir tiene que siendo Gunther uno de los más prestigiosos y reconocidos nerudólogos del mundo (y no exagero lo más mínimo), la calidad estaba asegurada. Sin embargo, fue su modo ameno de introducirnos en los amores del poeta lo que convirtió una brumosa tarde de mayo en una velada agradable y cálida.
Constituye un privilegio que Gunther Castanedo resida en Cantabria y haya venido a iluminarnos con detalles de la vida del poeta de manera tan generosa. Todos los asistentes disfrutamos de la conferencia y se nos pasó el tiempo volando. Fue común el comentario de que nos dejó con ganas de más, incluso de un libro que recogiese todos estos detalles y los poemas, que ahora leeremos con otros ojos.
¡Extraordinario!
Lluvia en el cajón
domingo, 13 de mayo de 2012
martes, 1 de mayo de 2012
Mañana en la batalla piensa en mí
Es la cuarta o quinta novela de Javier Marías que leo y puede que la penúltima.
Se trata de novela y, por tanto, ficción porque la historia subyacente es inventada. Sin embargo, su lectura parece más de filosofía o ensayo, con digresiones constantes, citas, zigzagueos argumentales...
Algo debe de tener un escritor si tiene lectores fieles, pero cada vez me extraña menos que ganen los premios y distinciones y pasen a la historia aquellos que tienen un ejército de acólitos y mariachis con influencias en la industria editorial y la prensa.
Quizá me falte autoridad formal para criticar la obra de Javier Marías, pero es que hay me cuesta reconocerle como un buen escritor. Me cae bien y me cuesta escribir esto.
Le conocí, bueno, le saludé y pude reconocer a una persona tímida, culta, educada. Ahora pienso si esa timidez no es otra cosa, que él sabe de verdad cómo escribe...
Concedo las licencias literarias de romper la estructura "normal" de la frase, de forzar la sintaxis, pero hay un uso enorme y terrible de los advervios, sobre todo los terminados en -mente, y de las comas.
Todos los personajes tienen la misma voz, hablan igual y su esquema de pensamientos es idéntico. Como todas sus novelas están escritas en primera persona no puedo evitar leer a Javier Marías en cada narrador, en cada protagonista y casi en cada personaje.
El lenguaje es pedante. A mí me gusta que se empleen las palabras adecuadas, no rehuyo los términos cultos, me encanta la precisión de Miguel Delibes. Me gustan los libros que me enriquecen, me hacen pensar, me ofrecen distintos puntos de vista, como lo hace Javier Marías. Sin embargo, en las novelas de Marías el lenguaje es artificial, forzado, como si cogiera cada palabra y la sustituyera por un sinónimo, el más raro que encuentre. Incluso cuando hablan sus personajes. ¿Quién emplea hoy en día la palabra "alcoba" en lugar de "dormitorio"? Puede que Javier Marías en su vida privada.
Se cita a sí mismo de manera continua, de sus reflexiones (puestas en mente de sus personajes) y de sus otras novelas (espaldas del tiempo, negra espalda...). Insufrible. No sé si pretende a base de repetir expresiones e ideas que alguna cale en el habla real de los lectores y pasar a la historia. Pero su pedantería va más allá, inunda al lector con explicaciones etimológicas y sus vastos conocimientos de la lengua y cultura inglesa. Quien conozca al autor y su anglofilia no puede evitar reconocerle en los protagonistas. Lo mismo con el cine, su pasión personal proyectada en sus personajes.
Aliteraciones estridentes y repeticiones como "al almirante Almira", "pensé con el pensamiento del encantamiento", "ese tramo del tramo", "que el contestador contestara", "una joven tan joven"... son un ejemplo de lo estridentes y pobres que suenan sus frases al leerse.
Pasajes que no pintan nada en la novela, como la escena del rey (que me da la impresión de que pretende ser humorística y no es ni simpática) o la de las carreras en la hípica. De hecho, en sus novelas apenas pasa nada, son todo divagaciones.
Me gustó mucho "Todas las almas" y se acabó. Después "Travesía del horizonte". "Negra espalda del tiempo". He releído la misma novela una y otra vez, todas son la misma. En "Mañana en la batalla piensa en mí" hay una buena historia, que se pierde en el marasmo de verborrea espesa de la narración.
Se trata de novela y, por tanto, ficción porque la historia subyacente es inventada. Sin embargo, su lectura parece más de filosofía o ensayo, con digresiones constantes, citas, zigzagueos argumentales...
Algo debe de tener un escritor si tiene lectores fieles, pero cada vez me extraña menos que ganen los premios y distinciones y pasen a la historia aquellos que tienen un ejército de acólitos y mariachis con influencias en la industria editorial y la prensa.
Quizá me falte autoridad formal para criticar la obra de Javier Marías, pero es que hay me cuesta reconocerle como un buen escritor. Me cae bien y me cuesta escribir esto.
Le conocí, bueno, le saludé y pude reconocer a una persona tímida, culta, educada. Ahora pienso si esa timidez no es otra cosa, que él sabe de verdad cómo escribe...
Concedo las licencias literarias de romper la estructura "normal" de la frase, de forzar la sintaxis, pero hay un uso enorme y terrible de los advervios, sobre todo los terminados en -mente, y de las comas.
Todos los personajes tienen la misma voz, hablan igual y su esquema de pensamientos es idéntico. Como todas sus novelas están escritas en primera persona no puedo evitar leer a Javier Marías en cada narrador, en cada protagonista y casi en cada personaje.
El lenguaje es pedante. A mí me gusta que se empleen las palabras adecuadas, no rehuyo los términos cultos, me encanta la precisión de Miguel Delibes. Me gustan los libros que me enriquecen, me hacen pensar, me ofrecen distintos puntos de vista, como lo hace Javier Marías. Sin embargo, en las novelas de Marías el lenguaje es artificial, forzado, como si cogiera cada palabra y la sustituyera por un sinónimo, el más raro que encuentre. Incluso cuando hablan sus personajes. ¿Quién emplea hoy en día la palabra "alcoba" en lugar de "dormitorio"? Puede que Javier Marías en su vida privada.
Se cita a sí mismo de manera continua, de sus reflexiones (puestas en mente de sus personajes) y de sus otras novelas (espaldas del tiempo, negra espalda...). Insufrible. No sé si pretende a base de repetir expresiones e ideas que alguna cale en el habla real de los lectores y pasar a la historia. Pero su pedantería va más allá, inunda al lector con explicaciones etimológicas y sus vastos conocimientos de la lengua y cultura inglesa. Quien conozca al autor y su anglofilia no puede evitar reconocerle en los protagonistas. Lo mismo con el cine, su pasión personal proyectada en sus personajes.
Aliteraciones estridentes y repeticiones como "al almirante Almira", "pensé con el pensamiento del encantamiento", "ese tramo del tramo", "que el contestador contestara", "una joven tan joven"... son un ejemplo de lo estridentes y pobres que suenan sus frases al leerse.
Pasajes que no pintan nada en la novela, como la escena del rey (que me da la impresión de que pretende ser humorística y no es ni simpática) o la de las carreras en la hípica. De hecho, en sus novelas apenas pasa nada, son todo divagaciones.
Me gustó mucho "Todas las almas" y se acabó. Después "Travesía del horizonte". "Negra espalda del tiempo". He releído la misma novela una y otra vez, todas son la misma. En "Mañana en la batalla piensa en mí" hay una buena historia, que se pierde en el marasmo de verborrea espesa de la narración.
sábado, 14 de abril de 2012
Concursos literarios
"... y si es que son de justa
literaria, procure vuestra merced llevar el segundo premio, que el
primero siempre se lleva el favor o la gran calidad de la persona, el
segundo se le lleva la mera justicia, y el tercero viene a ser segundo, y
el primero, a esta cuenta, será el tercero, al modo de las licencias
que se dan en las universidades; pero, con todo esto, gran personaje es
el nombre de primero."
(Don Quijote, Capítulo XVIII)
(Don Quijote, Capítulo XVIII)
lunes, 2 de abril de 2012
La conjura de los necios
Es una pena que su autor, John K. Toole se suicidara. Habríamos podido disfrutar de más libros suyos. De poco le sirve a él ni al mundo un premio Pulitzer póstumo.
Ignoro si se inspiró -estoy seguro de que no, pero bien los retrató- en los hijos españoles que no se van de casa, en los egoístas e irrespetuosos, que no sólo se resisten a abandonar el nido sino que exigen con destemplanza mimos y caprichos a sus progenitores. El mundo gira, creen, en torno a sus necesidades superfluas, valga el oxímoron. Al menos, el protagonista de la novela tiene un proyecto.
Y es que Ignatius Reilly tiene una visión del mundo muy peculiar, a caballo entre lo idealista y lo estoico. Es un Quijote desaliñado y con lamparones, perezoso y glotón. Su madre, la sufriente madre vitalicia, lo sobrelleva con moscatel y jugando a los bolos.
Nueva Orleans, el Barrio Francés, Bourbon Street... Jones, Darlene, Mancuso, la señorita Trixie... ¡no hay desperdicio!
Es un libro divertido, que arranca alguna carcajada, pero también una mordaz crítica social, política y económica, un retrato de las miserias humanas con una panoplia de personajes esperpénticos aunque muy humanos.
Es la tercera vez que leo este libro tan bien escrito y tan plástico en sus descripciones. La recomiendo.
Ignoro si se inspiró -estoy seguro de que no, pero bien los retrató- en los hijos españoles que no se van de casa, en los egoístas e irrespetuosos, que no sólo se resisten a abandonar el nido sino que exigen con destemplanza mimos y caprichos a sus progenitores. El mundo gira, creen, en torno a sus necesidades superfluas, valga el oxímoron. Al menos, el protagonista de la novela tiene un proyecto.
Y es que Ignatius Reilly tiene una visión del mundo muy peculiar, a caballo entre lo idealista y lo estoico. Es un Quijote desaliñado y con lamparones, perezoso y glotón. Su madre, la sufriente madre vitalicia, lo sobrelleva con moscatel y jugando a los bolos.
Nueva Orleans, el Barrio Francés, Bourbon Street... Jones, Darlene, Mancuso, la señorita Trixie... ¡no hay desperdicio!
Es un libro divertido, que arranca alguna carcajada, pero también una mordaz crítica social, política y económica, un retrato de las miserias humanas con una panoplia de personajes esperpénticos aunque muy humanos.
Es la tercera vez que leo este libro tan bien escrito y tan plástico en sus descripciones. La recomiendo.
sábado, 24 de marzo de 2012
Las violetas del círculo Sherlock
Me gustan esos libros que juegan con la ambigüedad entre lo narrado y la realidad. Aquí se entremezclan los devotos de Sherlock Holmes, los crímenes de Jack el Destripador y el barrio de la Inmobiliaria.
El Taller Literario Corsarios invitó al escritor Mariano Fdez. Urresti a presentarnos su último libro. Nos presentó ayer su novela en Suances, y hasta el título, sus violetas, no es casual: una canción de una de las víctimas de Jack, el nombre de la madre de Conan Doyle y el contenido de una carta...
Su charla fue interesantísima, muy bien documentada y retuvo la atención de todos los asistentes más allá de la hora prevista de finalización.
El Taller Literario Corsarios invitó al escritor Mariano Fdez. Urresti a presentarnos su último libro. Nos presentó ayer su novela en Suances, y hasta el título, sus violetas, no es casual: una canción de una de las víctimas de Jack, el nombre de la madre de Conan Doyle y el contenido de una carta...
Su charla fue interesantísima, muy bien documentada y retuvo la atención de todos los asistentes más allá de la hora prevista de finalización.
martes, 6 de marzo de 2012
1984
George Orwell. ¿Un visionario? Creo que ni el más pesimista podía anticipar la sociedad en la que vivimos, controlados por ese Gran Hermano cuyo concepto ha desvirtuado ese zafio programa televisivo. Todavía queda un poco para llegar al escenario apocalíptico de la novela, pero todo se andará.
Hoy estamos controlados por cámaras de seguridad en casi todos los edificios públicos y muchos privados, aparte de autovías, tiendas, oficinas... Nos hemos acostumbrado. Cada vez que entramos en una página de Internet dejamos un rastro que alguien seguramente analizará. Con cada pago de la tarjeta de crédito informamos de qué, cuándo y dónde compramos. Nadie ignora que las llamadas telefónicas quedan grabadas a la espera de una orden judicial que permita escucharlas, pero el mero hecho de llamar, enviar un mensaje o "whatsappear" vuelve a informar a ese Gran Hermano abstracto que acumula datos y más datos a la espera de su aprovechamiento. Luego nos sorprende, o no, que nos ofrezcan productos y servicios que encajan con nuestros gustos y posibilidades. ¿Cómo lo saben? Y esto no es lo peor. Lo terrorífico es el dominio que pueden ejercer sobre nosotros con toooooda esa información.
El anular nuestra voluntad es algo progresivo. Cada vez menos gente piensa, analiza con espíritu crítico lo que lee o escucha, se cuestiona el status quo. La neolengua de "1984" es una herramienta más: las palabras contienen las ideas, a menos palabras, menos ideas. Si controlas el lenguaje acabas controlando el pensamiento, de ahí el interés de los dirigentes por dominar los medios de comunicación. Añadir a la receta el bombardeo de mensajes a través de las telepantallas orwellianas, trasunto evolucionado de nuestros televisores. Omnipresentes en cada habitación de casa, sí, de nuestros hogares, no dejan ya espacio para la intimidad. Los Departamentos correspondientes manipulan los libros de historia y se cambia el pasado, se altera la realidad. Como nadie tiene memoria ni juicio crítico, la nueva verdad se generaliza. ¿A nadie suena esto? ¿No lo hacen muchos gobiernos y caciques?
Se van reduciendo las libertades en aras de la seguridad y el progreso (?), luego se reducen los derechos y así hasta aniquilar los sentimientos y pasiones, hasta deshumanizarnos y convertirnos en máquinas. Se pretende la homogeneización, al disidente se lo elimina, hay que comulgar con la doctrina oficial.
Conforme escribo estas palabras tengo la impresión de que no estoy hablando de la novela sino de la sociedad actual.
"1984" debería ser lectura obligada junto con "Un mundo feliz" de Aldous Huxley y tantos otros. Aunque puede que sea tarde y nuestras conciencias ya estén adormecidas.
jueves, 23 de febrero de 2012
Lugares que no quiero compartir con nadie
Este es el original título del último libro de Elvira Lindo. Me cae simpática. La escucho en Asuntos Propios, RNE 1, los miércoles. He leído artículos suyos, tengo algún libro de Manolito Gafotas... Compré este libro equivocado, por propia culpa, esperando algo más literario, cuando se trata de una guía personal y excepcional de lugares de Nueva York. Elvira va recorriendo sus restaurantes y rincones favoritos y compartiéndolos [en clara contradicción con el título] con los lectores. Se debe, sin duda, a su naturaleza generosa.
El libro me parece escrito para ella misma, como un diario o una agenda del recuerdo. Podemos ir a sus bares y parques, pero son sus lugares y sus recuerdos. Le agradezco la revelación de esos rincones, pero el libro se me ha quedado ligero, inconsistente.
Me ha gustado leerlo porque escuchaba la voz aguda de Elvira en cada página, porque es como atender a la narración de un viaje por parte de un amigo. Elvira Lindo es un poco eso, la amiga, prima o hermana que nos gustaría tener: amena, que cuenta cosas interesantes, alegre... y sincera, porque rezuma anécdotas personales, casi íntimas, sin pomposidad ni falsa modestia.
El libro me parece escrito para ella misma, como un diario o una agenda del recuerdo. Podemos ir a sus bares y parques, pero son sus lugares y sus recuerdos. Le agradezco la revelación de esos rincones, pero el libro se me ha quedado ligero, inconsistente.
Me ha gustado leerlo porque escuchaba la voz aguda de Elvira en cada página, porque es como atender a la narración de un viaje por parte de un amigo. Elvira Lindo es un poco eso, la amiga, prima o hermana que nos gustaría tener: amena, que cuenta cosas interesantes, alegre... y sincera, porque rezuma anécdotas personales, casi íntimas, sin pomposidad ni falsa modestia.
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